Perito de atalayas y grandes ciudadelas.

Levantas barricadas, construyes fortalezas

y eriges barbacanas.

 

Señor de tu alta torre, te escudas en trincheras,

detrás de los rastrillos, en pos de fuertes rejas.

Eriges matacanes, caminas por adarves,

cercados por almenas.

 

Descúbreme la ruta que lleva a tu interior,

no exijas un visado si alcanzo tu poterna.  

Que quiero que me sacie el agua de tu aljibe,

y el fuego de tus brasas consuma mi honda pena.

 

 Presiento que - sin duda- El  “Cerro de la Escucha”

de nuevo es mi condena.

 

© Kety Díaz Álvaro

 

 

 
 
 

 

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